El renacer hispano de Nueva Orleans...
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"Todo esto me sirve para valorar lo que hemos conseguido", dice Juan Carlos Méndez, en familia, en julio. "Hay que darle gracias a Dios por un techo, una cama".
JENSEN LARSON

TESTIDO DE LA DESTRUCCIÓN

La noche antes de que el huracán Katrina impactara la zona de Nueva Orleans, Juan Carlos Méndez y dos amigos manejaron bajo fuertes lluvias y vientos desde Houston hasta Pensacola, FL, para llegar a tiempo a sus trabajos de construcción en esa ciudad floridana que había sido embestida siete semanas antes por el huracán Dennis. Una vez allí, el grupo oyó sobre la devastación causada por Katrina. No dudaron en regresar. “Sólo oíamos ambulancias y bomberos que iban a Nueva Orleans”, dice Méndez. “Supimos que había trabajo”.

Cuando finalmente arribó a Nueva Orleans en octubre del 2005, lo que encontró fue aterrador. “Vi toda la destrucción de la [carretera] 10”, recuerda el mexicano de 32 años sacudiendo la cabeza. “Los carros volteados, lanchas arriba de las casas. Nunca había visto un desastre así, nunca lo había pasado en carne propia”.

Si bien aún hoy existen áreas en el este de la ciudad que parecen pueblos fantasmas —millas y millas de casas en pie, pero deshabitadas, sin ventanas o puertas— Méndez se enorgullece del trabajo que ha hecho reconstruyendo otros sectores que ya han regresado a la vida. Igualmente, se enorgullece de la mejor situación económica que en dos cortos años ha logrado para su familia. “Antes estaba trabajando nomás para pagar mi alquiler, mis biles [cuentas]”, dice Méndez. “En Houston viví cinco años y en esos cinco no logré lo que he logrado aquí en dos, en dinero, en vivienda, en todo”.

Tan bien le ha ido a Méndez que en agosto del 2006 fue a Houston a buscar a su esposa, María Elena Piña, ama de casa de 33 años; su hija Karla, de 4; y su hijo Luis David, de 3. La familia vive sencilla, pero cómodamente en un apartamento en el área de Kenner, un suburbio de Nueva Orleans donde son los únicos latinos del barrio. Allí, Piña espera el tercer hijo de la pareja y Méndez planea pasar los próximos ocho años trabajando en la reconstrucción.

El caso de Méndez es el perfecto ejemplo de cómo la cara de la ciudad ha cambiado desde Katrina, asegura Martín Gutiérrez, director ejecutivo del Apostolado Hispano de la Arquidiócesis de Nueva Orleans. “Ha habido un intercambio”, dice Gutiérrez. “Los afroamericanos se fueron a Houston y los latinos se vinieron a Nueva Orleans”. Ya aquí, están alquilando apartamentos, abriendo negocios latinos. “Los niños que van a crecer aquí van a tener la oportunidad de integrarse más”, dice Gutiérrez. Cuando los suyos estén ya grandes, Piña quiere regresar a México, dice. Pero por ahora sabe dónde debe permanecer: “Aquí pueden tener una mejor educación”. Agrega Méndez: “Yo le doy gracias a Dios. Esta estabilidad era lo que estaba buscando y es lo que encontramos aquí para toda mi familia”.




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