El renacer hispano de Nueva Orleans...
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BIEN HECHO

“Queríamos hacer este cambio”, dice María Rivas, frente a su casa con su esposo e hijos. “Fue duro, pero ahora decimos que fue la mejor decisión de nuestras vidas”.
JENSEN LARSON

CON EL SUEÑO AMERICANO EN LA MIRA

Los mexicanos María y Abraham Rivas no titubearon en brindar refugio a unos amigos que evacuaron de Nueva Orleans debido a Katrina y tocaron a su puerta en Houston. “Cuando llegaron, nos dimos cuenta de que traían dinero, pero bastante”, dice Abraham, de 36 años, de sus huéspedes que trabajaban en la construcción. “Eso fue lo que nos animó a venirnos a Nueva Orleans cuando ellos regresaron después del huracán”.

Para ellos, la decisión fue acertada. Desde el día que llegó, el 1ro de julio del 2006, Abraham no ha dejado de trabajar como contratista un solo día, salvo los domingos. El fruto: en una cuadra del suburbio de Gretna, LA, donde ondea más de una bandera estadounidense, los Rivas y sus hijos Daniel, de 11 años, Karen, de 9, y Esmeralda, de 7, comparten una amplia casa de dos habitaciones llena de juguetes y fotos familiares. Desde su llegada, los ingresos familiares se han duplicado, comparados con los de Texas, asegura Abraham. “Me gusta más vivir acá porque es calmado y podemos jugar en el parque e ir a la tienda”, afirma su hija, la perspicaz y alegre Karen, quien dice querer ser una agente del FBI cuando sea grande. “Todo lo que queremos está aquí”.

Eso incluye contar con cuidado prenatal gratuito a través del Apostolado Hispano de Caridades Católicas, el St. Charles Community Health Center, la Iglesia Luterana Monte de los Olivos, y una clínica móvil operada por Daughters of Charity/March of Dimes en la vecina ciudad de Metairie, LA, para la bebé que está supuesta a nacer el 29 de agosto —el segundo aniversario de Katrina. “Antes de Katrina dicen que no había nada de esto”, cuenta el ama de casa de 29 años, quien al igual que su esposo no se arrepiente de haber comenzado una nueva vida en una ciudad que aún lucha por recuperarse. “A mí me encanta. Ha habido mucha ayuda”.

Y para Abraham, mucha chamba. “Dondequiera que hemos andado trabajando, los patrones americanos están bien contentos con nosotros”, asegura Abraham, quien supervisa a un grupo de 5 a 6 trabajadores. “Quiere decir que gracias a nosotros los hispanos, Nueva Orleans se está levantando”.

Para seguir el ritmo, tanto María como Abraham ya están animando a amistades que dejaron en Texas. “Cuando vean lo que hay acá, pues tomarán su decisión”, dice María. “Nosotros nos quedamos”. Concuerda su marido: “Mientras no pase otro huracán por aquí, nos quedamos”.




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