Joaquín Sabina y Pedro Almodóvar se despiden de Chavela Vargas

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Joaquín Sabina y Pedro Almodóvar se despiden de Chavela Vargas

Lee algunas líneas de las cartas que el cantautor y el cineasta escribieron para la fallecida cantante.

CHavela Vargas

Foto: Getty Images

Joaquín Sabina fue amigo íntimo de Chavela Vargas y le ha escrito una carta tras enterarse de la muerte de su amiga, a la que ha llorado. Así mismo, Pedro Almodóvar también dedica un escrito para recordar a la cantante.

En una carta publicada en el diario español El País, Sabina recuerda a Vargas como la fiel compañera de borracheras y de momentos gratos.

"Yo nunca me tomé copas con mis ídolos: Bob Dylan, Leonard Cohen o Brassens. Y sí, con Chavela, con la que he cantado, nos hemos abrazado y reído hasta hartarnos. Todas esas veces cuentan y contarán siempre entre las más grandes cosas que me han sucedido en la vida", escribió Sabina.

También recordó el momento cuando la conoció en la sala de cine del Morasol en Madrid.

"Será difícil, por ejemplo, olvidar cómo la conocí (…) Dijo: "Yo vivo en el bulevar de los sueños rotos". Y yo tuve que escribirle una canción con esa frase. Ya se había recuperado de su alcoholismo.

"Calculaba que había bebido algo así como 1.8 millones de botellas de tequila y solía decirme cuando me veía beberlo a mí: 'Joaquín, ese tequila tuyo es muy malo; el bueno de verdad ya nos lo bebimos José Alfredo Jiménez y yo'".

Por su parte, Almodóvar publica a través de Facebook una extensa carta en la que resume algunas vivencias que tuvo junto a Vargas. A continuación algunas líneas del escrito:

Chavela Vargas hizo del abandono y la desolación una catedral en la que cabíamos todos y de la que se salía reconciliado con los propios errores, y dispuesto a seguir cometiéndolos, a intentarlo de nuevo.

Ningún ser vivo cantó con el debido desgarro al genial José Alfredo Jiménez como lo hizo Chavela. “Y si quieren saber de mi pasado, es preciso decir otra mentira. Les diré que llegué de un mundo raro, que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que nunca (YO NUNCA, cantaba ella) he llorado”.

En su segunda vida, cuando ya tenía más de setenta años, el tiempo y Chavela caminaron de la mano, en España encontró una complicidad que Méjico le negó.

La presenté en decenas de ciudades, recuerdo cada una de ellas, los minutos previos al concierto en los camerinos, ella había dejado el alcohol y yo el tabaco y en esos instantes éramos como dos síndromes de abstinencia juntos, ella me comentaba lo bien que le vendría una copita de tequila, para calentar la voz, y yo le decía que me comería un paquete de cigarrillos para combatir la ansiedad, y acabábamos riéndonos, cogidos de la mano, besándonos. Nos hemos besado mucho, conozco muy bien su piel.

[...] En aquella visita también me dijo “estoy tranquila”, y me lo volvió a repetir en Madrid, en sus labios la palabra tranquila cobra todo su significado, está serena, sin miedo, sin angustias, sin expectativas (o con todas, pero eso no se puede explicar), tranquila. También me dijo “una noche me detendré”, y la palabra “detendré” cayó con peso y a la vez ligera, definitiva y a la vez casual. “Poco a poco”, continuó, “sola, y lo disfrutaré”. Eso dijo.

Adiós Chavela, adiós volcán.

Tu esposo, en este mundo, como te gustaba llamarme,

Pedro Almodóvar

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