El sueño americano de Lionel Messi

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El sueño americano de Lionel Messi

Lionel Messi, el mejor futbolista del mundo en cinco ocasiones, describe en una exclusiva para Sports Illustrated su entusiasmo por jugar la Copa América en Estados Unidos y su deseo de darle por fin un título a Argentina.

Lionel Messi.

Foto: Tom Dulat/LatinContent/Getty Images

El as argentino de fútbol Lionel Messi cuenta en una exclusiva en primera persona a la revista Sports Illustrated su deseos para la Copa América que se celebra el mes que viene en Estados Unidos y cómo ha llegado a ser el mejor futbolista del mundo. A continuación, fragmentos del artículo.

Los Estados Unidos siempre me han fascinado. Crecí en Rosario, la segunda ciudad más grande de Argentina y he vivido en Barcelona desde los 13 años. Por lo que he visto en visitas breves, no hay nada como los Estadps Unidos: cómo viven los estadounidenses, lo que tienen. Es un país único. Los estadios son increíbles, y no puedo imaginar un mejor lugar para celebrar una Copa América especial, una mini Copa Mundial con 16 equipos que reúne a todos los mejores equipos nacionales de América del Sur, Estados Unidos y México por más de 24 días en junio. La gente me dice que será el evento de fútbol masculino mas grande en los Estados Unidos desde el Mundial de 1994.

A través de los años, he jugado en los Estados Unidos partidos amistosos para Argentina y el FC Barcelona, pero nunca en un torneo competitivo. Y este torneo es bien importante para Argentina. Hemos llegado cerca de ganar nuestros dos últimos torneos, llegando a la final de la Copa Mundial de 2014 y la Copa América 2015, pero no pudimos triunfar. Esto puede resultar sorprendente, pero Argentina no ha ganado un campeonato significativo desde 1993, y creo que es importante que terminemos esa racha. No va ser fácil, por supuesto. Ocho equipos en esta Copa América Centenario llegaron a la ronda de 16 en la última Copa del Mundo, el doble de los equipos que participarán en la Euro 2016 este verano.

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En el primer partido de Argentina el 6 de junio nos enfrentamos con Chile en el Levi’s Stadium en Santa Clara, California. Es una revancha de la final de la Copa América del año pasado, una derrota por penales muy difícil para nosotros y puedes estar seguro que estaremos motivados a jugar bien esa noche. El fútbol será mi foco principal mientras estoy en el norte de California, claro está, pero por mí parte también espero poder conocer a Stephen Curry, de los Golden State Warriors. Verlo jugar es algo mágico. Todo el mundo ama lo que hace: fanáticos, compañeros y rivales. Somos similares en estilos de juego y en que somos pequeños. En diciembre me envió una camiseta de su uniforme firmada y luego yo le mande una mía en abril.

Si ves a Curry jugar o, igual de revelador, calentar antes de un partido es fácil notar su relación con la pelota. Es como si su cuerpo y mente están siempre en la misma onda con el balón. Yo trato de tener esa conexión en mi deporte también. Cuando era niño, yo siempre tenía una pelota conmigo, desde el momento en que me despertaba hasta el momento en que me iba a la cama. En más de una ocasión dormí con mi pelota. En aquellos días, los niños podían ir a la calle en Rosario y jugar fútbol sin problema, hasta cuando regresaban a casa tarde en la noche. Por desgracia, los tiempos han cambiado y ya no se ve eso mucho debido a la delincuencia, no solo en Argentina, sino también en el resto de América del Sur. Esos momentos con mis amigos y la bola, solo nosotros y sin entrenadores, son bellos recuerdos para mí.

Otras memorias especiales son los momentos que pasé en Rosario en el Club Grandoli, donde empecé a jugar en partidos organizados. Mis hermanos mayores, Rodrigo y Matías, también jugaron allí. Rosario es muchísimo mas pequeño que Buenos Aires, pero mi ciudad está por encima de otras al producir jugadores especiales de fútbol (como Gabriel Batistuta y Fernando Redondo) y de los mejores entrenadores (como César Luis Menotti y Marcelo Bielsa). El fútbol es como el agua y el aire en Rosario. Si buscas en YouTube hay un video de mí a los cinco años rebotando el balón con el pie izquierdo durante un juego en Grandoli, esquivando defensores y corriendo directamente a la meta antes de disparar el balón a la red. Meter un gol es una sensación de pura alegría, un síntoma de la felicidad. De entonces a ahora, no hay nada que se le compare.

Aún cuando niño decidí que no sería lanzado en el terreno de juego. Mi estilo de juego siempre ha sido con el objetivo de llegar a la meta como sea. Si puedo continuar trato de seguir adelante, no importa lo que haga un defensor para intentar detenerme. Sin embargo, no todos los retos vienen de un rival. Uno de los míos ha sido mi tamaño. Yo era más pequeño que cualquier otro jugador en el campo, tan pequeño que los médicos me recetaron hormona de crecimiento humana que tenía que inyectarme en las piernas.

Sin embargo, mi estatura no impidió que me destacara. En 1999, cuando tenía 12 años, un agente escuchó sobre mí a través de un contacto en Buenos Aires y comenzó a seguirme a través de videos. Recibí una prueba con el Barcelona en el 2000 a los 13 años. No era algo común. A pesar de tener una de las mejores academias juveniles del mundo en La Masía, Barcelona no había firmado a ningún niño de mi edad que viniera de fuera de España o la Unión Europea. Pero debo haberlos impresionado. Después de esperar casi un mes en Barcelona con mi padre Jorge, el entrenador del Barcelona, Carles Rexach ,firmó un acuerdo e ingresé al club.

Imagínese mudarse con su familia a un nuevo continente a los 13 años con el futuro de todos dependiendo de ti. Fue un momento complicado. Por un lado, era espectacular venir a jugar en Barcelona. Por otro, dejar todo atrás en Rosario fue duro: mis amigos, el resto de mi familia, mi infancia y llegando a un país donde no tenía nada. Empecé prácticamente desde cero. Mi primer año fue duro. Yo era tímido y callado con mis compañeros de la academia, y luego me lesioné. Mi hermana María Sol tenía dificultades para adaptarse, así que ella y mi madre, Celia, decidieron volver a Rosario con mis hermanos. Lo único que quedaba por decidir era si mi padre y yo también regresaríamos a Argentina.

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Como siempre, tomamos la decisión como familia. Decidí quedarme en Barcelona porque vi que tendría posibilidades allí. Estaba seguro que realizaría mi sueño y mi familia me apoyó, a pesar de que era difícil estar lejos de mi madre y hermanos. Al final, subí al primer equipo del Barcelona rápidamente. En la temporada 2003-04 debuté para cinco equipos diferentes de Barça, y mi primer partido con el primer equipo llegó a los 16 años, en un amistoso contra el Oporto (y un entrenador llamado José Mourinho). No todos los jugadores del Barcelona estaban allí, algunos estaban con sus equipos nacionales, pero viajé con muchos de los jugadores del primer equipo y fue un viaje espectacular. Recuerdo ese partido más que mi debut oficial, porque el viaje fue inolvidable.

Han pasado tantas cosas desde entonces. Los trofeos del equipo han sido lo más importante a través de los años. Ganar la Copa Mundial Sub-20 de 2005, la medalla de oro olímpica en el 2008 con Argentina y, por supuesto, los triunfos con el Barcelona: cuatro campeonatos de UEFA, ocho de la liga española, cuatro Copas del Rey y tres títulos de la Copa Mundial de Clubes. Mi primer Balón de Oro en el 2009 fue especial porque es un premio muy importante. Que digan que eres el mejor del mundo es inexplicable. Aunque siempre digo que yo no valoro trofeos individuales tanto, es un reconocimiento importante con mucho significado. Y cada vez es más difícil ganarlo porque tus rivales te lo hacen más duro, así que ganar mi quinto Balón de Oro en enero fue realmente gratificante. Sobre todo después de no haberlo hecho los dos años anteriores.

Mi objetivo es siempre estar mejorando. Año tras año uno puede crecer tanto como jugador, como en la vida. Siempre se puede aprender algo nuevo. Y a veces hasta puedes descubrir algo nuevo dentro en ti mismo. En la final de la Copa del Rey la temporada pasada marqué un gol contra el Athletic Club de Bilbao en el que corrí a alta velocidad despachando a cinco defensores a lo ancho del campo y entrando al interior hacia el portero antes de anotar. Lo puedes encontrar en YouTube también. No fue planeado. Fue algo en el momento. La única cosa en que pensé fue en avanzar y llegar a la portería contraria de cualquier manera. Eso fue lo que pasó y se desarrolló en un instante. Ese siempre ha sido mi estilo, el tipo de regate que en Argentina llamamos ‘gambeta’. He trabajado de cerca con Adidas para desarrollar mis botas de Messi 16 para complementar mi estilo.

Barcelona me ha dado todo. Crecí aquí. Me hice aquí. No me falta nada y estoy muy feliz de estar en esta ciudad extraordinaria. A pesar de la distancia de mi país de nacimiento, siempre hemos vivido de una manera muy argentina aquí en Barcelona, tomando mate y comiendo mis milanesas favoritas y panqueques con dulce de leche de postre. Con el tiempo aprendí a hablar catalán, pero mi español todavía tiene acento argentino. Mi pareja, Antonella Roccuzzo, también es de Rosario. A veces las personas han cuestionado mi amor a Argentina, sobre todo cuando el equipo nacional no ha jugado bien, pero amo profundamente a mi país y me gustaría volver algún día. Parte de mi familia todavía vive allí: mi madre, mi hermano Matías, mi hermana, y la familia de Anto. Estamos constantemente en contacto con ellos.

Me gusta pensar que a los 28 años he crecido fuera del fútbol también. Mi fundación, que apoya a los niños en materia de salud, educación y deportes en todo el mundo, está por cumplir 10 años. Y los nacimientos de nuestros hijos -Thiago, que tiene 3 años, y Mateo, de 8 meses- han cambiando mi vida. Estoy increíblemente feliz con la familia que hemos podido crear. Un día típico para nosotros consiste en llevar a Thiago a la escuela, ir al entrenamiento, pasar un rato en casa bebiendo mate y pasando tiempo con Anto y los niños en el parque o en algún otro lugar. Es una vida tranquila y normal, el tipo de vida que siempre hemos querido.

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Por supuesto, fuera de mi familia nada me hará más feliz que ganar mi primera Copa del Mundo con Argentina en 2018. La Copa América este verano es un paso importante en ese camino, una oportunidad para demostrar que podemos ganar un trofeo tan importante por primera vez en 23 años. Y si podemos hacer eso, también significaría pasar casi un mes en Estados Unidos y aprender más sobre este país tan especial. Si ustedes, los estadounidenses están deseando verme en persona, créanme, el sentimiento es mutuo.

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