Bajo la mirada de Victoria, María Inés e Isabel

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Bajo la mirada de Victoria, María Inés e Isabel

Un análisis a las tres señoras: Judy Enríquez, Angélica Aragón y Victoria Ruffo, quienes con el mismo personaje, han conquistado a distintos mercados

Victoria Ruffo
Foto: CLASOS/JPISTUDIOS.COM
Fue una revolución en los anales de las telenovelas, una heroína menopáusica que encontraba el amor. ¿A quién se le hubiera ocurrido? Pues a un hombre que la escribió pensando en que su esposa la interpretaría. Así nacía Señora Isabell, que tras arrasar en Colombia llegó a México, como Mirada de mujer, la telenovela revolucionaria de TV Azteca. Hoy, la podemos ver en su nueva versión llamada Victoria (Telemundo). El guión es el mismo, el cambio está en la protagonista.

Gran barullo causó la noticia. Victoria Ruffo abandonaba Televisa para filmar una nueva versión de Mirada de mujer para Telemundo. La Ruffo, hermosa en su madurez y muy popular gracias a su éxito de La madrastra, entre tantas novelas más, era famosa por roles sentimentales de madre sufrida e ingenua. ¿Podía dar la talla en el rol de una mujer cuya sexualidad se despierta ya en su quinta década y con pareja más joven? Al parecer, tal como el personaje que iba a interpretar, la actriz también quería probar suerte en aguas peligrosas. Sus detractores sacudieron la cabeza. Jamás llenaría los zapatos de Judy Enríquez y Angélica Aragón, sus predecesoras.

EL NACIMIENTO DE UNA SEÑORA

En la década de los 90's, el legendario guionista colombiano Bernardo Romero escribió una historia transgresora para que su esposa la protagonizara. Tras una vasta y exitosa carrera, Judy Enríquez llegaba a ese punto temido por toda actriz, una edad en la que sólo tenía dos papeles para interpretar, el de vieja villana o el de madrecita resignada. Señora Isabel, la telenovela de su marido, rompía con ese esquema al dotar de hormonas a un personaje al borde de la menopausia.

A sus 50 años, Isabel enfrentaba desafíos inimaginables: dejar ir a su esposo de toda la vida que prefería mujer más joven; aceptar a una hija embarazada y a otra anoréxica, y ayudar a sus mejores amigas a batallar contra el sida y un cáncer mamario. A todo esto, se aunaba el cortejo de un hombre mucho más joven que hacía a la señora Isabel sentirse deseada y hermosa otra vez.

LA MIRADA REVOLUCIONARIA Por su temática, esta miniserie causó furor tanto en Colombia como en otros países de América Latina. Ese éxito extraordinario fue lo que en 1997 hizo que Argos y TV Azteca la rehicieran en México con tanto rating que, de miniserie de 40 capítulos, pasó a ser una telenovela completa de 120 episodios. Se dice que el D.F. se paralizaba para ver esta novela adaptada por el mismo Bernardo Romero. Televisa intentó hacerle la guerra poniendo a la misma hora otra historia de madura ojiverde enredada con jovencito, pero aunque excelente, Pueblo chico, infierno grande fracasó ante el fenómeno de Mirada de mujer.

Lo que atraía al público era lo cotidiano en la trama y en personajes con los que todos podían identificarse. Aunque adineradas, María Inés y sus amigas vivían problemas reconocibles para su audiencia. Incluso, los personajes juveniles atraían al público joven con sus temáticas de embarazos no deseados, desórdenes alimenticios, inseguridades sexuales y temores ante un posible divorcio de los padres. Mirada de mujer sorprendió al publico con parlamentos realistas y semi crudos donde se llamaba las cosas por su nombre y hasta se soltaba una que otra palabrota.

Mucho del fenómeno se originó en su elenco hechicero. Actores que Televisa nunca aprovechó o que tenía en el olvido se unieron en una combinación de talento y belleza. Sin desmerecer la versión original, Mirada de mujer tuvo un elenco físicamente más llamativo que el de señora Isabel. Era perfectamente razonable que una joven enloqueciese por un madurón como Fernando Luján. Nunca antes, el público había visto a Ari Telch desplegar humanidad, sensualidad y mucho humor. Incluso, una actriz olvidada como Evangelina Elizondo se volvía inolvidable en su siniestro retrato de la posesiva Mamá Elena.

Y gracias a que Diana Bracho rechazó la oferta inicial, fue Angélica Aragón quien hizo la novela. Incluso, el título va a estar siempre asociado a esos ojos almendrados. Hasta esas libritas de más que matan a cualquier actriz aquí contribuyeron positivamente, ya que su sobrepeso la hacia más identificable con el publico. Su Maria Inés fue más suave y más humana que la Señora Isabel.

LA FRESCURA DE VICTORIA

Mirada de mujer fue insuperable. Es por eso que Victoria enfrenta un gran desafío, y su única manera de superarlo fue hacer una copia semi-idéntica del original. Jimena Romero adaptó el guión de su difunto padre, se trasladó la filmación a Colombia y gran parte del elenco es colombiano. Victoria Ruffo es una Victoria encantadora, Arturo Peniche aporta un sex appeal soñoliento al rol de su marido y Mauricio Ochmann –que de perfil recuerda a un joven Camilo Sesto– tiene bastante química con la protagonista, pero Victoria es a todas luces, y en el mejor de lo sentidos, un refrito. Una buena copia de una historia inmortal.

La magia de Youtube.com nos permite apreciar a las tres actrices en ese mismo rol y sirve de juez a esta contienda de señoras. Judy Enríquez se ve severa y gran dama, Angélica Aragón es cálida y hermosa, demostrando que se puede ser bella y usar una talla de dos dígitos. Ambas muy talentosas. ¿Y Victoria Ruffo? Innegablemente linda, pero demuestra a leguas que el rol le queda grande. Es de la escuela de divas de los 80's, llora bonito, con pugiditos como María Victoria al cantar, pero se nota que está acostumbrada a representar personajes esquemáticos sentimentales. No un rol serio como éste. Por supuesto, sólo el tiempo tendrá la razón.

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